La noche en que tenía 7 años es un recuerdo que perdura en mi mente con una nitidez inquebrantable. Aquella vez, salí a pasear con mi abuela, y mientras nos dirigíamos de regreso a casa, nos encontramos frente a una nogalera que ahora es un terreno baldío. Detrás de esos árboles, se alzaba una maquiladora junto a una tienda de regalos. Fue en esos breves momentos que viví una experiencia que nunca olvidaré.
A través de la espesa vegetación de la nogalera, las sombras de cinco gigantescos monos se proyectaban sobre los muros de la maquiladora. Sus figuras imponentes se movían con soltura entre la maleza, con brazos enormes que se balanceaban de un lado a otro con cada paso, y colas larguísimas que se enroscaban sobre el suelo. Observé con asombro cómo avanzaban hacia la maquiladora, pero al señalarlos y preguntar a mi abuela qué era aquello, sentí cómo su mano se apretaba con fuerza en mi brazo, y sin decir palabra, me arrastró de vuelta a casa a toda prisa.
Una vez dentro, volví a preguntarle qué había visto. Sin embargo, mi abuela guardó un silencio sepulcral. Al día siguiente, decidí investigar por mi cuenta y fui a la tienda de regalos para preguntar a las dueñas si habían ocurrido robos recientemente o si las cámaras del estacionamiento habían captado algo inusual. Pero para mi sorpresa, no habían registrado nada fuera de lo común.
Decidí compartir mi experiencia con mi mamá, pero como era de esperarse, no me creyó. Sin embargo, años después, cuando estaba en preparatoria, mientras recordábamos aquel evento, mi mamá reveló algo intrigante sobre mi abuela. Resulta que en una ocasión, mi abuela le había preguntado si en esa nogalera vivían animales salvajes extraños.
Esta historia sigue siendo un misterio para mí. ¿Qué eran esas sombras de monos gigantes que vi aquella noche? ¿Y por qué mi abuela había tenido esa extraña inquietud sobre la nogalera? Quizás nunca conoceré las respuestas, pero esta experiencia permanecerá grabada en mi memoria para siempre.
En calle Alem, a escasos 200 metros de la plaza 1º de Mayo (en pleno centro neurálgico de Paraná) se encuentra una antigua casona que durante años ha sido marcada como una “casa embrujada” y no solo ha despertado la curiosidad de los paranaenses sino que también ha sido el epicentro de hechos realmente tenebrosos. Muchas veces, la falta de información y la confianza llevan a personas simples y sencillas a hechos que pueden modificar su vida. Esta casa fue el escenario de un hecho horrendo para sus moradores. El joven matrimonio de Javier y Mariela, a quienes acompañaba su bebé de seis meses (Jonathan) se mudaba al centro. En un primer momento no les resultó extraño que esa casa céntrica, aunque antigua, tuviera el mismo valor en alquiler que la que habitaban en la periferia de Paraná. Era para ellos un golpe de suerte haber ...
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