Recuerdo nítidamente un incidente que ocurrió cuando tenía apenas 7 años. Me encontraba sentada en la ventana de mi casa, que estaba protegida por unas robustas rejas. Dada mi corta estatura, necesitaba utilizar un banco para alcanzar la ventana y sentarme en ella. Una vez allí, me agarraba de las rejas, cerraba las puertas de vidrio y me dejaba caer para quedar sentada cómodamente dentro de la ventana.
Aquella noche, algo inesperado sucedió. La ventana no se cerró correctamente, y cuando me solté de las rejas y me apoyé en las puertas de vidrio, estas se abrieron de golpe y me vi cayendo hacia atrás, sin poder aferrarme a las rejas a tiempo para evitar la caída. En ese preciso instante, sentí una fuerza invisible que me empujaba hacia arriba desde el aire, como si unas manos invisibles me sujetaran y me impidieran impactar contra el suelo.
El miedo se apoderó de mí al no comprender qué estaba sucediendo. ¿Qué era esa fuerza que me había salvado de una caída potencialmente catastrófica? Hasta el día de hoy, sigo sin tener una respuesta clara. Pero estoy agradecida por aquel misterioso suceso, ya que gracias a él, evité sufrir graves lesiones o incluso algo peor. Sé ahora, con certeza, que de no haber sido por esa intervención inexplicable, mi destino habría sido muy diferente.
—Lizzy Spinetta
Un hombre de 35 años llamado Luis relata un evento inquietante de su infancia, ocurrido durante una visita a Disney con su familia cuando tenía 6 años. Luis se separó de su madre y se encontró perdido, deambulando solo por el vasto parque. A pesar de caminar sin rumbo durante casi una hora, no se permitió llorar. Finalmente, se sentó en un banco para esperar. Después de unos segundos, un personaje disfrazado de Goofy se le acercó lentamente. El hombre dentro del traje le preguntó: —¿Estás perdido? Luis recuerda haber respondido afirmativamente con un movimiento de cabeza. Entonces, el sujeto se agachó, levantó los brazos y, con cada mano, comenzó a quitarse lentamente la cabeza del traje. En ese momento, las cosas se tornaron extrañas. El sujeto carecía completamente de rostro. No tenía ojos, ni nariz, solo una hendidura donde debería estar la boca, la cual se estiraba en una sonrisa grotesca. A pesar de esta visión aterradora, Luis no sintió miedo. Por alguna razón inexplicable, se si...
Comentarios
Publicar un comentario