Recuerdo cuando tenía 7 años y, durante la cena, estaba profundamente enojada con mi papá. En un momento, él me pidió que fuera a la cocina por el salero, y mientras caminaba, mi mente estaba llena de resentimiento y pensaba: "Siempre tengo que hacer todo yo". Sin embargo, lo que sucedió a continuación fue tan aterrador como inexplicable.
Las palabras que pensaba, esas mismas que resonaban con furia en mi mente, se escucharon en todo el comedor con mi propio tono de voz. Todos en mi familia, incluido yo misma, escuchamos claramente esas palabras que pensaba, como si hubieran salido de mi boca, cuando en realidad nunca las había pronunciado en voz alta. La confusión y el horror se apoderaron de mí al darme cuenta de que algo inexplicable estaba sucediendo.
Intenté explicar que no había sido yo quien había hablado esas palabras, pero nadie me creyó. Fui castigada con una paliza, pero la verdadera angustia residía en el hecho de que no podía explicar lo que había ocurrido. Hasta el día de hoy, sigo sin poder comprender cómo mis pensamientos se manifestaron en palabras audibles, desafiando toda lógica y explicación racional.
Esta experiencia dejó una profunda huella en mí y continúa siendo un misterio sin resolver. ¿Qué fuerza misteriosa provocó que mis pensamientos se convirtieran en palabras audibles? ¿Fue un fenómeno paranormal o simplemente una coincidencia extraordinaria? Las respuestas siguen escapándose de mi comprensión, dejándome con una sensación de inquietud y asombro.
— Ambrosia Mr
En calle Alem, a escasos 200 metros de la plaza 1º de Mayo (en pleno centro neurálgico de Paraná) se encuentra una antigua casona que durante años ha sido marcada como una “casa embrujada” y no solo ha despertado la curiosidad de los paranaenses sino que también ha sido el epicentro de hechos realmente tenebrosos. Muchas veces, la falta de información y la confianza llevan a personas simples y sencillas a hechos que pueden modificar su vida. Esta casa fue el escenario de un hecho horrendo para sus moradores. El joven matrimonio de Javier y Mariela, a quienes acompañaba su bebé de seis meses (Jonathan) se mudaba al centro. En un primer momento no les resultó extraño que esa casa céntrica, aunque antigua, tuviera el mismo valor en alquiler que la que habitaban en la periferia de Paraná. Era para ellos un golpe de suerte haber ...
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