El recuerdo que atesoro desde mi niñez me sigue desconcertando hasta el día de hoy. Tenía alrededor de 9 o 10 años, y estaba con mi tía en el callejón junto a la casa de mi abuela, ayudándola con algo, cuando de repente, alrededor de las 8 de la noche, noté algo extraordinario en el cielo nocturno.
El cielo estaba oscuro y despejado, con solo unas pocas estrellas dispersas. Sin embargo, de la nada, surgió una franja azul luminosa que se trazaba en el cielo, gruesa y brillante, como si alguien la hubiera pintado con un pincel cósmico. Esta misteriosa línea se extendía de un extremo del firmamento al otro, cautivando mi atención mientras persistía en el horizonte.
Lo que más me desconcertó no fue solo la aparición de esta franja en el cielo, sino también la manera en que desapareció. Como si fuera borrada por una mano invisible, la línea comenzó a desvanecerse desde el punto en que había aparecido, como cuando borras una línea en una pizarra con un borrador, pero de una manera mucho más rápida y misteriosa.
Inmediatamente le pregunté a mi tía sobre lo que había presenciado en el cielo, pero ella afirmó no haber visto nada de lo que yo describía. Ninguno de los presentes parecía haber notado esta extraordinaria manifestación celestial. Mi tía intentó ofrecer una explicación racional, sugiriendo que podría haber sido un avión dejando una estela de humo, pero la luminosidad y el color azul intenso de la línea descartaban esa posibilidad.
Hasta el día de hoy, sigo perplejo ante lo que vi en aquella noche. La inexplicable aparición y desaparición de esa franja azul en el cielo sigue siendo un enigma para mí, y me deja con la sensación de que tal vez, en aquel momento, fui testigo de algo más allá de nuestra comprensión terrenal.
— Jordániel Vásquez
Un hombre de 35 años llamado Luis relata un evento inquietante de su infancia, ocurrido durante una visita a Disney con su familia cuando tenía 6 años. Luis se separó de su madre y se encontró perdido, deambulando solo por el vasto parque. A pesar de caminar sin rumbo durante casi una hora, no se permitió llorar. Finalmente, se sentó en un banco para esperar. Después de unos segundos, un personaje disfrazado de Goofy se le acercó lentamente. El hombre dentro del traje le preguntó: —¿Estás perdido? Luis recuerda haber respondido afirmativamente con un movimiento de cabeza. Entonces, el sujeto se agachó, levantó los brazos y, con cada mano, comenzó a quitarse lentamente la cabeza del traje. En ese momento, las cosas se tornaron extrañas. El sujeto carecía completamente de rostro. No tenía ojos, ni nariz, solo una hendidura donde debería estar la boca, la cual se estiraba en una sonrisa grotesca. A pesar de esta visión aterradora, Luis no sintió miedo. Por alguna razón inexplicable, se si...
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